El Kurdistán en Suecia

El Kurdistán es, probablemente, la mayor nación sin Estado del mundo. 35 millones de kurdos viven repartidos en un amplio territorio que abarca cuatro países diferentes. Muchos, además, viven en diferentes países de otros continentes, especialmente de Europa. Con más de 15 siglos de historia, son muy pocos los que los reconocen como Estado.

La población kurda está dividida principalmente en cuatro países del oeste de Asia: Turquía (15 millones), Irán (10 millones), Irak (8 millones) y Siria (3 millones). Se calcula, además, que hay alrededor de un millón y medio de kurdos viviendo en otros países, muchos de ellos en la antigua URSS. Esta división que sufren los kurdos tiene su origen tras la Primera Guerra Mundial, como consecuencia de la caída del Imperio Otomano. Desde entonces luchan por la independencia y por unirse en un nuevo Estado independiente. Leer más “El Kurdistán en Suecia”

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De Rusia y sus estadios

A poco menos de un año para que se celebre el Mundial de Rusia, se ultiman los preparativos para la esperada cita. Las selecciones apuran sus opciones para lograr una de las 32 plazas. La mayoría ya están asignadas, mientras que por otras se espera una encarnizada batalla.

Rusia, país anfitrión, termina su puesta a punto entre la ilusión y el caos. El primer simulacro, la Copa Confederaciones celebrada este verano, la solventaron sin mayores problemas. En ella se pudieron empezar a percibir algunas de las señas de identidad que caracterizarán el Mundial. Una de ellas, la más visible, los estadios.

Moscú, San Petersburgo, Kazán, Rostov, Ekaterimburgo, Kaliningrado, Nizhny Novogorod, Samara, Volgogrado, Saransk y Sochi son las sedes elegidas. Todas ellas con estadios imponentes, pero no todas con clubes en la élite del balompié ruso.

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RC Strasbourg, fútbol en una región con alma

Alsacia es una región particular. O lo era, porque desde hace poco más de un año se unió a otras dos para formar el Gran Este, ahora la cuarta región más grande de Francia. Cambios, esa es la palabra que describe a esta histórica región. Con casi 2 millones de habitantes, esta pintoresca zona fronteriza con Alemania ha sido objeto de múltiples luchas territoriales.

Pero Alsacia sigue siendo una región histórica y cultural de gran importancia. Su capital, Estrasburgo, es el centro neurálgico de la zona. Con más de 700.000 habitantes destaca por su imponente Catedral, por los miles de estudiantes que pueblan sus calles, y por ser sede de varias instituciones europeas, como el Parlamento. Y hasta hace unos años, por su equipo de fútbol, el Racing Club de Strasbourg Alsace.

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Venezia, una montaña rusa entre canales

El fútbol humilde sufre en Europa. Y como es habitual, donde más sufre es en el Mediterráneo. En España, equipos históricos desaparecen ahogados en un mar de deudas mientras otros luchan cada día por sobrevivir. En Italia la situación no es mejor. El más notorio ha sido el caso del Parma, dos veces campeón de la Copa de la UEFA que en 2015 tuvo que refundarse en cuarta categoría.

Si en España es en Segunda B, la categoría que ejerce de puente entre el profesionalismo y el amateurismo, donde más visibles son estas situaciones, en Italia es la Lega Pro, la tercera categoría del país, la que acoge a varios de estos conjuntos. El propio campeonato, en nombre y en formato, ha sufrido varias modificaciones a lo largo de su historia. En su origen, en el año 1935, se la llamó Serie C, nombre que mantuvo hasta el 1978. Entonces fue desdoblada en dos categorías, Serie C1 y Serie C2, también llamadas Lega Pro Prima Divisione y Lega Pro Seconda Divisione, para volver en 1986 a ser una sola categoría unificada. En 2008 se estableció el sistema de dos categorías similar el de 1978, y ya en 2014 adoptó el formato actual, otra vez de una categoría.

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De donde venimos

Venimos del fango. Venimos de un pozo oscuro y muy, muy profundo desde el que no se atisbaba salida. Venimos de derrotas decepcionantes y de partidos para olvidar. De goles en propia y de penaltis fallados. Estuvimos hundidos. Estuvimos muertos. Hemos pasado demasiados años perdidos en el desierto.

Venimos de partidos en los que Mendizorrotza parecía un campo fantasma. Venimos de desplazamientos a Tafalla, Lemona o Amorebieta donde sacar un empate parecía un mundo. Venimos de tener tres, cuatro, cinco entrenadores por temporada. Venimos de vernos descendidos en marzo o sin opciones de ascender en abril.

También venimos de Jaen. Venimos de los Jaume, Viguera, Guzmán y Natxo que nos ascendieron desde el pozo. Y esos mismos que un año más tarde, en el mismo lugar, dieron un golpe sobre la mesa y gritaron que este equipo no merecía volver a las catacumbas. De los Beobide que resucitaron un carácter especial que permanecía aletargado en Mendizorrotza. Y, por supuesto, también venimos de los Bordalás, Juli, Mora y demás con los que no contaba nadie y que con ese carácter nos pusieron en primera.

Pero sobre todo venimos de Dortmund. Venimos de un 16 de mayo de 2001 en el que hicimos historia. Venimos de una final en la que ganamos aunque no tengamos trofeo. Venimos de ese sentimiento de lucha y ese carácter que impregna todo lo que hacemos desde entonces. Venimos de esos Herrera, Contra, Karmona, Téllez, Eggen, Geli, Cruyff, Tomic, Desio, Astudillo, Javi Moreno, Iván Alonso, Magno y Pablo. Y por supuesto, Mané.

Han pasado dieciséis años y ya no está Herrera. Pero está Pacheco. San Fernando Pacheco, el que todo lo para. Tampoco está Contra, pero sí que está Kiko. Ese Kiko que hace poco más de dos años estaba sin equipo después de años convulsos y que hoy es pieza clave en Vitoria. No están ni Téllez ni Karmona pero está Laguardia. El Kaiser Laguardia. Ese que bueno, sí, para Segunda era bueno pero que en Primera iba a andar justo. Geli tampoco está, pero está Theo. Ese que con 19 años se está comiendo el mundo y la banda izquierda. No tenemos a un centrocampista como Tomic pero tenemos a Llorente, que tiene dentro de él al que dentro de no mucho será el mejor “cinco” del mundo. Magno no está, pero está Édgar, ese que ha marcado el gol que ha hecho volar a una ciudad entera. Arriba no están ni Javi Moreno ni Iván Alonso, pero tenemos a Deyverson. Ese delantero que después de clasificarse para la final se dirige a la afición derrotada para consolarla. Por supuesto, también tenemos a Toquero. El que supo venir aquí cuando muchos hubieran ido lejos, el que supo cuál es su rol, y que se parte la cara por el equipo. A uno como él tendrían que tener todos. Imposible olvidar en el recuento a Pellegrino, ese que abandonó Vitoria con pesar después de un doloroso descenso como jugador y que ha vuelto como entrenador forjando un equipo ganador.

Los que tampoco están son Desio ni Astudillo ni Pablo. Está Manu García. El que saltó la valla de la General para vivir el Alavés desde el otro lado. Ese tuercebotas que empezó aquí como parche en el lateral izquierdo en Segunda B. Ese que era un futbolista que estaba bien para Segunda B pero que la Segunda ya le quedaba grande. Efectivamente, acertaron esos que decían que Segunda no era su categoría. Porque 171 partidos después portando el brazalete y la camiseta de su vida ha encontrado su sitio liderando a su equipo en Primera División. Manu es la viva representación del alavesismo. Es la extensión de la grada en el campo.

Los Feddal, Alexis, Camarasa, Ibai… todos. Todos son partícipes de que el Alavés vaya a jugar una final dieciséis años después. De que vaya a jugar la primera final de la Copa del Rey en sus 96 años de historia. Y todos saben que, llegados a este punto, el resultado no importa tanto. Porque saben que, como en Dortmund, van a ganar esa final. Porque saben que lo verdaderamente importante no son los títulos, sino que es ese escudo que nació un 23 de enero del 1921. Porque saben de donde venimos.

Fotografía de portada: Deportivo Alavés

Mayo del 2016. Los jugadores albiazules celebran el tercer gol logrado frente al Bilbao Athletic en Lasesarre, clave para el posterior ascenso.

Aficionados y directivos

Hubo un tiempo, hace no mucho, en el que el fútbol estaba al servicio de los aficionados. Sí, por increíble que pueda parecer hoy en día, hace no muchos años los aficionados eran tenidos en cuenta a la hora de tomar las decisiones del día a día del club. Pero eso ya pertenece a un pasado muy lejano.

Ahora lo que manda es el dinero. Y si ese dinero viene de miles de kilómetros de distancia, todo es más chic. Ahora lo que se lleva es que el dueño, presidente y mandamás de tu club sea un todopoderoso extranjero con una fortuna que no conseguiría gastar en siete vidas. Alguien al que no sabes si siquiera le gusta el fútbol, pero que promete poner a tu club en el mapa en un abrir y cerrar de ojos. Algunos, en mayor o menor modo, lo consiguen. El Manchester City, que desde que es propiedad de un jeque ha ganado las mismas ligas que en los 100 años anteriores, es un ejemplo de ello. El RB Leipzig y, por lo general, todo el imperio Red Bull, también parecen seguir esa senda. Otros se quedaron solamente en las palabras. O si no que pregunten en Santander por un tal Ali Syed.

Pero hay algunos, que puede que por llevar la contraria, por revolucionarios, o por querer seguir siendo románticos en un mundo que les ha dicho que ya no molan, quieren seguir teniendo un papel importante en la toma de decisiones de su equipo. Y si hace falta crear un equipo nuevo para ello, bienvenido sea. Leer más “Aficionados y directivos”

Tumbar a Goliat

Llega diciembre. Las competiciones ligueras superan el tercio de campeonato y cada equipo ya ha presentado sus credenciales. Algunos saben que, un año más, sufrirán para salvar la categoría. Otros se ven en esta situación sin haberlo planeado. Los más afortunados están puestos por encima de la zona roja, y sus entrenadores comienzan a realizar las compras navideñas sabiendo que no tendrán que buscarse una nueva casa por Navidad.

También hay otro selecto grupo de equipos que pelea arriba en sus ligas. Sin esperarlo. Pero la realidad es la que es, si un equipo en diciembre continúa en la parte alta de la tabla se convierte con el año nuevo en candidato sorpresa al título. No se puede excluir de ese grupo al RB Leipzig, que ya protagonizó un artículo aquí hace unas semanas, y que es líder de la Bundesliga siendo un recién ascendido. Pero en Bélgica, Turquía, Croacia y Austria también ha llegado la revolución de los pequeños. Todos quieren ser el nuevo Leicester.  Leer más “Tumbar a Goliat”